Una vez en una cárcel un preso le dijo a un gendarme: Oiga mi gendarme, anteayer dejé mi cepillo de dientes en la cama y me lo robaron. Ayer dejé mi peine en la cama, y otra vez me lo robaron, y hoy resulta que dejo mis calcetas, y también me la robaron, ¿Sabe de lo que sospecho? Y el gendarme dice: No, ¿De qué? Entonces el preso le responde: Pues empiezo a sospechar que aquí en la cárcel hay ladrones.
Una vez una monja se dirige a una cárcel y ve a un preso sentado en el patio de descanso, y le dice: - Hijo mío, ¿por qué estas aquí? Y el preso le contesta: - Ay madre, porque no me dejan salir.
Van a ejecutar a dos hombres condenados a muerte. El capitán les pregunta: - ¿Algún último deseo? Y uno de ellos contesta: - ¡Sí! A mí me gustaría escuchar una canción. El capitán contesta: - De acuerdo y le dice al otro, ¿Y tú? A lo que éste le contesta: - Por favor, que me maten a mi primero para no tener que escuchar las porquerías de canciones que éste quiere oír.
Viene el jefe de la cárcel y dice: ¿Quién tiene quejas? Y todos se quedan callados, nadie dice nada, pero hay una persona que levanta la mano y dice: Yo sí tengo una queja. ¿Cuál es la queja? La queja es que es poco segura la instalación, pues no hay salida de emergencia.