Llega el ranchero a su casa, se quita las botas y se acuesta pidiéndole a su mujer que comparta con él la cama; la mujer accede y se acurruca en el brazo de su esposo, de pronto la mujer le dice: Mi vida, tirate un pedito. El marido arquea las cejas y dice: ¿Que me tire qué? Un pedito mi amor. ¿Para qué quieres que me eche un pedo? ¡Pos, pa' que se vaya el olor a patas!
Resulta que el patrón de una quinta estaba harto de saber que le robaban maíz en su chaco, hasta que un día, divisa de lejos a su criado, con un costal repleto y le pregunta: ¿Qué llevas en ese saco? El criado responde: Pescao, patroncito. ¿Y para qué? El criado responde: ¡Para hacer tamales!